Desde Río Cuarto, una empresa del CREA Carnerillo integra genética equina, manejo regenerativo y estrategias comerciales innovadoras con impacto productivo y ambiental.
En el sur de Córdoba, la empresa familiar Los Pingos del Taita consolidó un esquema productivo que combina caballos de polo de alto valor genético con agricultura regenerativa, forestación y comercialización diferenciada de granos. El modelo apunta a mejorar la rentabilidad sin descuidar el ambiente ni la biodiversidad.
Integrante del CREA Carnerillo, la firma gestiona unas 6.500 hectáreas entre campos propios y alquilados, organizadas en dos grandes unidades de negocio: la producción equina y la agrícola. Además, opera el centro de producción de embriones de la raza Polo Argentino más grande del mundo, con base en Río Cuarto y presencia comercial en Buenos Aires.
El sistema equino incluye reproducción, cría y entrenamiento, con un rodeo cercano a los 3.000 caballos entre propios y de terceros. A través de la transferencia embrionaria, la empresa brinda servicios a clientes locales e internacionales, que abarcan desde la generación del embrión hasta la entrega del caballo listo para competir.
La región ofrece condiciones ideales para esta actividad, con suelos franco-arenosos, clima templado y excelente aptitud forrajera, especialmente para la alfalfa. A esto se suma el conocimiento y la tradición argentina en la cría y doma de caballos de polo, un diferencial clave en el mercado global.
En paralelo, la empresa impulsa un proceso de transición hacia la agricultura regenerativa sobre unas 4.500 hectáreas. En el establecimiento La Blanca, de 1.900 hectáreas, incorporaron cultivos de servicio, forestación y corredores biológicos para mejorar la salud del suelo y potenciar los servicios ecosistémicos.
Los cultivos de cobertura —como vicia, centeno y rabanito— permiten mantener el suelo activo durante el invierno, mientras que los corredores biológicos y parches forestales favorecen la biodiversidad. Esta transformación ya evidenció la reaparición de fauna silvestre y mejoras en procesos como la polinización y el control natural de plagas.
El esquema también integra la producción equina con la agrícola, destinando parte de la superficie a forraje para los caballos. Incluso, algunos cultivos de servicio se aprovechan para pastoreo, reduciendo costos y aportando biomasa al sistema, lo que mejora su funcionamiento general.
En el plano comercial, comenzaron a verse los primeros resultados. La empresa logró vender soja con un plus de 11 dólares por tonelada gracias a prácticas regenerativas, como la siembra sobre cobertura verde. Además, avanzan en la certificación de activos ambientales que permiten capturar valor adicional en el mercado.
A esto se suman incentivos vinculados a la medición de la huella de carbono, que se traducen en descuentos en insumos y mejores condiciones comerciales. Así, el modelo productivo no solo mejora el desempeño ambiental, sino que también abre nuevas oportunidades económicas para el negocio agropecuario.



