Un relevamiento de CREA Córdoba Norte y la Universidad Católica de Córdoba detectó un fuerte avance de la mancha blanca en maíces tardíos, con elevados niveles de severidad y daños que podrían afectar el rendimiento.
La campaña 2025/26 dejó una señal de alerta para los productores de maíz. La mancha blanca se consolidó como la enfermedad de mayor impacto sanitario en los planteos tardíos del centro del país, impulsada por un escenario de abundantes precipitaciones, elevada humedad y escasa radiación solar. Así lo revelan los ensayos realizados por CREA Córdoba Norte junto al Laboratorio de Fitopatología de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Católica de Córdoba (UCC), donde se evaluó el comportamiento de 22 híbridos implantados en Villa de María de Río Seco.
Los especialistas observaron que, por segundo año consecutivo, la enfermedad fue la de mayor presión sanitaria, aunque esta vez con una expansión mucho más amplia. Además de extenderse por el centro y norte de Córdoba, también se detectó una importante presencia en otras regiones maiceras como Santa Fe, el norte de Buenos Aires y Entre Ríos. En algunos materiales, la severidad superó el 35 % y llegó a provocar el secado prematuro de las plantas, una situación poco frecuente en campañas anteriores.
Los investigadores explicaron que el desarrollo del patógeno estuvo estrechamente relacionado con las condiciones ambientales registradas durante el ciclo. Las lluvias acumuladas, la persistente humedad y la baja disponibilidad de radiación favorecieron el avance de enfermedades foliares, especialmente en los cultivos sembrados de manera tardía, que permanecieron durante más tiempo expuestos a un ambiente favorable para la infección y propagación del complejo causal de la mancha blanca.
El estudio también puso en evidencia diferencias significativas entre híbridos. Mientras algunos materiales mostraron una elevada tolerancia con niveles mínimos de severidad, otros registraron un comportamiento mucho más susceptible. Para los técnicos, estos resultados refuerzan la necesidad de incorporar el perfil sanitario como un criterio de selección, además del potencial de rendimiento, especialmente en regiones donde las condiciones climáticas incrementan el riesgo de enfermedades.
Otro aspecto que preocupa es el efecto de la enfermedad sobre el área foliar activa durante el llenado de granos. En los lotes más afectados, la pérdida anticipada de hojas y el secado de plantas podrían haber limitado el potencial productivo. No obstante, los especialistas aclararon que el deterioro observado también estuvo asociado al desarrollo de patógenos de suelo, favorecidos por el exceso de humedad, que aceleraron la descomposición de raíces y tallos.
Mientras se aguardan los resultados finales de cosecha para cuantificar el impacto económico de la enfermedad, los investigadores destacan que otros problemas sanitarios tradicionales del maíz, como la roya común, el tizón foliar y el complejo del achaparramiento, registraron niveles muy bajos durante esta campaña. El desafío, sostienen, será intensificar el monitoreo de los lotes y profundizar el conocimiento sobre la evolución de la mancha blanca para diseñar estrategias de manejo más eficaces en las próximas campañas.



