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Crucíferas: cómo lograr una implantación pareja y potenciar el rendimiento

Especialistas de la Red de Crucíferas de Aapresid destacan que una correcta calidad de siembra es determinante para el éxito de cultivos como colza, carinata y camelina, y comparten las principales recomendaciones de manejo.

La implantación es uno de los momentos más críticos para los cultivos de crucíferas. Debido al reducido tamaño de sus semillas y al escaso margen de error durante la siembra, una regulación inadecuada de la maquinaria o una profundidad excesiva pueden afectar la emergencia, reducir la cantidad de plantas logradas y comprometer el potencial productivo desde el inicio de la campaña.

José «Peco» Alonso, integrante de la Red de Crucíferas de Aapresid, explicó que la uniformidad en el nacimiento es uno de los principales objetivos para alcanzar buenos resultados. En especies como colza, carinata y camelina, la semilla debe ubicarse a poca profundidad, con excelente contacto entre suelo y semilla y suficiente humedad para favorecer una emergencia rápida y homogénea. Según indicó, unos pocos milímetros de diferencia pueden marcar un cambio importante en el porcentaje de implantación.

Además de la correcta profundidad, la calidad de la siembra depende de otros factores como la regulación de la sembradora, la velocidad de avance, la presión de los cuerpos de siembra y el adecuado manejo de los rastrojos. En sistemas de siembra directa, donde la cobertura superficial es un componente clave para conservar la salud del suelo, lograr que los discos corten correctamente el rastrojo sin arrastrarlo resulta fundamental para evitar pérdidas de plantas y nacimientos desparejos.

Los especialistas también remarcan que una buena densidad inicial favorece un rápido cierre del entresurco, mejora la competencia frente a las malezas y permite desarrollar un sistema radicular más eficiente, capaz de mejorar la estructura y aireación del suelo. En el caso de la colza, además, una implantación uniforme contribuye a que el cultivo llegue con mayor desarrollo al período crítico de floración, etapa en la que se define gran parte del rendimiento.

Desde Aapresid sostienen que el éxito de estos cultivos comienza mucho antes de la cosecha. La elección del material genético, la fecha de siembra, el estado del lote y el ajuste preciso de la maquinaria forman parte de una estrategia integral que permite aprovechar todo el potencial de las crucíferas y reducir los riesgos durante las primeras etapas del cultivo.

Fuente: https://www.aapresid.org.ar/es/novedades/6a359216bf363b3159fb6e40

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