En una charla provocadora y cercana, Alejandro Rozitchner propuso salir del vértigo tecnológico y pensar la inteligencia artificial desde la experiencia personal y los vínculos.
En el marco de Faro 2025, el filósofo y escritor Alejandro Rozitchner brindó la charla “IA: todo muy lindo, ¿y nosotros qué?”, una reflexión abierta sobre el impacto de la inteligencia artificial en la vida cotidiana, lejos de miradas apocalípticas o celebraciones ingenuas del avance tecnológico.
Con un tono humorístico y accesible, Rozitchner planteó que frente a la IA suelen aparecer “fantasmas” colectivos: miedo a la pérdida del trabajo, a la deshumanización, al control total o a la uniformidad cultural. Según explicó, estos temores dicen más de quienes los expresan que de la tecnología en sí, y muchas veces ocultan experiencias personales no resueltas.
Uno de los ejes centrales de la charla fue la distinción entre “la humanidad” como abstracción y las personas concretas. “La historia siempre se vive desde el punto de vista de alguien”, señaló, y sostuvo que las claves para entender este momento tecnológico no están en grandes discursos sobre el futuro, sino en cómo cada individuo incorpora la herramienta a su vida diaria.
Rozitchner destacó usos cotidianos de la inteligencia artificial que potencian capacidades humanas: escribir mejor, organizar tareas, aprender idiomas, planificar viajes o animarse a preguntar sin vergüenza. En ese sentido, afirmó que la IA no reemplaza el pensamiento, sino que puede entrenarlo y ampliarlo si se la usa con criterio.
También puso el foco en la importancia de no perder de vista el cuerpo, los vínculos y la experiencia sensible. Para el filósofo, la tecnología no anula lo humano, sino que convive con él, y el desafío es habitar este nuevo escenario sin miedo anticipado, priorizando la creatividad, el entusiasmo y las relaciones sociales.
“Ante el fantasma, pongamos la realidad; ante el miedo, el uso”, sintetizó Rozitchner al cierre de su exposición, invitando a pensar la inteligencia artificial como un recurso más, poderoso pero no absoluto, que se define en la forma en que cada persona decide integrarlo a su propia vida.



