La rabia paresiante es una enfermedad zoonótica grave transmitida por el vampiro común que afecta principalmente a bovinos y equinos, con alta mortalidad y riesgo para las personas.
La rabia paresiante, también conocida como rabia paralítica, es una enfermedad infecciosa viral de gran impacto sanitario y productivo. Se transmite principalmente por la mordedura del vampiro común (Desmodus rotundus) y afecta sobre todo a bovinos y equinos, aunque también puede presentarse en otras especies domésticas, animales silvestres y en el ser humano, lo que la convierte en una zoonosis grave.
En la Argentina, el área endémica de la enfermedad se extiende principalmente al norte del paralelo 31 de latitud sur. Comprende la totalidad de provincias como Corrientes, Misiones, Chaco, Formosa, Santiago del Estero y Tucumán, además de zonas del norte de Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja, San Juan, San Luis, Córdoba y Santa Fe. Según explicó Gabriel Ruso, médico veterinario del programa de Rabia del SENASA, la enfermedad se presenta en brotes cíclicos que pueden durar hasta 18 meses, con períodos interepidémicos de tres a cuatro años.
Los síntomas iniciales incluyen inquietud, falta de apetito y cambios en el comportamiento, como vocalizaciones anormales. Con el avance de la enfermedad, los animales presentan dificultad para caminar, problemas posturales y una marcada parálisis, que se manifiesta con movimientos de pedaleo de los miembros cuando permanecen en el suelo. A esto se suma una intensa salivación y alteraciones en la micción, hasta que finalmente se produce la muerte entre los 3 y 15 días posteriores a la aparición de los signos clínicos.
El diagnóstico de la rabia paresiante se basa en dos etapas: la sospecha clínica realizada por el veterinario en el campo y la confirmación a través de análisis de laboratorio. En cuanto a la prevención, la herramienta clave es la vacunación antirrábica. Existe la vacunación emergencial, que se aplica durante los brotes en un radio de hasta 10 kilómetros, y la vacunación sistemática en establecimientos de riesgo, como feedlots, cabañas y animales deportivos, que deben mantener su esquema al día para reducir la probabilidad de contagio y proteger tanto la producción como la salud pública.



