Un relevamiento 2025 confirma alta presencia y co-contaminación en dietas porcinas, con efectos directos en la reproducción, sanidad y productividad del sector.
La presencia de micotoxinas en los alimentos balanceados continúa siendo uno de los principales desafíos para la porcicultura. Datos recientes del relevamiento 2025 indican que la contaminación está ampliamente extendida y que la co-exposición a múltiples toxinas es una constante en los sistemas productivos.
Según el estudio, basado en más de 32.000 análisis en Latinoamérica, el 85 % de las muestras contenía al menos una micotoxina, mientras que el 66 % presentaba dos o más en simultáneo. Este escenario confirma que la co-contaminación es la regla y no la excepción, lo que incrementa los riesgos sanitarios y productivos.
En Argentina, las micotoxinas asociadas a hongos del género Fusarium —como deoxinivalenol (DON), fumonisinas (FUM) y zearalenona (ZEA)— son las más relevantes. Sus niveles detectados superan en muchos casos los umbrales de seguridad, afectando directamente la reproducción, el sistema inmune y la eficiencia productiva de los cerdos.
Los efectos son diversos: la zearalenona impacta en la fertilidad y el tamaño de las camadas; las fumonisinas comprometen la salud respiratoria e inmunológica; y el DON reduce el consumo y la ganancia de peso. Además, la combinación de estas toxinas potencia sus efectos negativos, generando pérdidas difíciles de diagnosticar en el campo.
Frente a este contexto, los especialistas destacan la necesidad de adoptar estrategias integrales de manejo que permitan reducir la absorción de micotoxinas y minimizar su impacto. La incorporación de nuevas tecnologías, como soluciones basadas en biotransformación, se presenta como una alternativa clave para mejorar la sanidad y sostener la productividad en los sistemas porcinos.
Fuente: https://www.cappcor.com.ar/noticias/el-perfil-actual-de-micotoxinas-que-enfrenta-la-porcicultura/



