Especialistas destacan que una correcta siembra mejora el aprovechamiento forrajero, acelera el consumo animal y aporta eficiencia al sistema productivo.
La correcta implantación de pasturas es un paso decisivo para mejorar la productividad ganadera, especialmente en regiones donde el forraje constituye la base de la alimentación animal. Lograr que la semilla germine rápido y se transforme en una planta vigorosa permite disponer antes de alimento de calidad para el rodeo y aprovechar mejor las ventanas de crecimiento estacional.
Desde el punto de vista técnico, el uso adecuado de la sembradora resulta fundamental. Especialistas remarcan que componentes como la cuchilla en siembra directa, el control de profundidad y el correcto pisado de la semilla son determinantes para una emergencia pareja y un establecimiento exitoso del cultivo. Una mala implantación, en cambio, puede generar demoras y mayores costos posteriores.
La elección de la pastura también depende del ambiente, el tipo de suelo, el clima y el sistema de producción. En zonas semiáridas o con suelos limitantes, planificar reservas forrajeras y ajustar la carga animal por hectárea son decisiones estratégicas para sostener la producción. En años favorables, recomiendan aprovechar el excedente para confeccionar reservas y prepararse para campañas más ajustadas.
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