Una investigación realizada en establecimientos lecheros de la región pampeana muestra que las pasturas no siempre restauran la fertilidad del suelo y destaca la importancia de un manejo estratégico de los nutrientes.
Durante años, las pasturas fueron consideradas una herramienta fundamental para recuperar la fertilidad de los suelos en los sistemas ganaderos. Sin embargo, un estudio publicado en la revista científica Discover Soil plantea una mirada diferente sobre ese concepto. Investigadores Gonzalo Berhongaray, del ICiAgro Litoral y CREA, y Rafael Alejandro Palladino, de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y CONICET, analizaron la dinámica de los nutrientes en establecimientos lecheros y encontraron que la intensificación productiva puede generar desequilibrios importantes dentro del sistema.
La investigación se basó en el análisis de 240 muestras de suelo provenientes de 17 tambos distribuidos en las principales cuencas lecheras del país. Los especialistas compararon suelos bajo pasturas, áreas agrícolas, corrales de alimentación y sectores de referencia sin intervención productiva. Los resultados evidenciaron que nutrientes esenciales como fósforo, potasio y zinc presentan una marcada disminución en las capas más profundas del suelo, especialmente en pasturas de varios años de uso donde la extracción supera a la reposición.
Uno de los aspectos más relevantes del trabajo fue demostrar que los cambios no ocurren únicamente en la superficie. Mientras los monitoreos tradicionales suelen limitarse a los primeros 20 centímetros del perfil, el estudio avanzó hasta los 60 centímetros de profundidad y detectó un deterioro aún mayor en esos estratos. En el caso del fósforo, por ejemplo, las reducciones fueron considerablemente más pronunciadas en las capas subsuperficiales, lo que pone de manifiesto la necesidad de revisar las estrategias de fertilización en sistemas lecheros intensivos.
Los investigadores también identificaron una distribución desigual de los nutrientes dentro de los establecimientos. Los potreros cercanos a la sala de ordeñe tienden a concentrar materia orgánica y elementos minerales debido a la mayor permanencia de los animales, mientras que los lotes más alejados experimentan una extracción continua de nutrientes sin una devolución equivalente. En sentido contrario, los corrales de alimentación acumulan elevadas concentraciones de elementos como potasio, sodio, azufre y magnesio, generando importantes diferencias dentro de un mismo campo.
A partir de estos resultados, los especialistas proponen abandonar la evaluación basada únicamente en balances generales y avanzar hacia un monitoreo más detallado de los distintos ambientes del establecimiento. Entre las recomendaciones figuran realizar análisis periódicos de suelos y efluentes, aprovechar los residuos orgánicos de las salas de ordeñe como fertilizantes, implementar esquemas de pastoreo que distribuyan mejor las deyecciones y diseñar programas de fertilización que contemplen tanto la superficie como las capas más profundas del suelo. Según los autores, una gestión más precisa de los nutrientes será clave para sostener la productividad y la salud de los sistemas lecheros en el largo plazo.



