El desarrollo del INTA concentra el valor de un vaso de leche en 20 gramos. Liviano, duradero y sin cadena de frío, apunta a reforzar la alimentación escolar y potenciar la industria láctea nacional.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), a través de su Instituto de Tecnología de Alimentos en Castelar, desarrolló chips de mozzarella con alto valor nutricional que no requieren refrigeración. Se trata de un producto innovador que busca mejorar el acceso a alimentos de calidad, especialmente en el ámbito escolar y en zonas donde la cadena de frío representa una limitante.
El proyecto demandó tres años de trabajo e investigación. El objetivo fue claro: lograr un alimento práctico, saludable y estable, capaz de conservar los nutrientes esenciales de la leche en un formato fácil de transportar y almacenar. El resultado es un snack crujiente, elaborado sin conservantes ni aditivos, que mantiene intacto su perfil nutricional.
La clave del proceso es la liofilización, una técnica de deshidratación a bajas temperaturas que permite preservar sabor y propiedades. A partir de mozzarella de alta calidad, se obtienen chips que concentran proteínas, vitaminas y minerales esenciales. Según los desarrolladores, 20 gramos —equivalentes a unos 12 chips— aportan el valor nutricional de un vaso de leche.
Más allá del mercado de snacks saludables, el desarrollo tiene una fuerte impronta social. Los chips representan una herramienta estratégica para fortalecer programas de alimentación escolar, especialmente en áreas rurales o de difícil acceso, donde distribuir productos frescos suele ser complejo.
Además, el producto es libre de gluten y almidones, lo que amplía su alcance a distintos públicos con requerimientos alimentarios específicos. Actualmente se encuentra en etapa precomercial y listo para su transferencia tecnológica, con interés empresarial para su producción a escala.
Otro punto destacado es su potencial para dinamizar la cadena láctea. El proceso no exige equipamiento importado ni inversiones extraordinarias, lo que facilita su adopción por parte de pymes y cooperativas. Así, la innovación no solo aporta valor nutricional, sino también oportunidades de agregado de valor en origen y desarrollo local.



