El INTA diseñó un modelo de invernáculo adaptado al Valle Inferior del Río Chubut, con mejoras en durabilidad, ventilación y sanidad de los cultivos.
En el Valle Inferior del Río Chubut, donde los fuertes vientos representan uno de los principales desafíos para la producción hortícola bajo cubierta, el INTA desarrolló un nuevo modelo de invernadero pensado especialmente para las condiciones climáticas de la región. El diseño busca mejorar la resistencia estructural, optimizar el manejo productivo y reducir las pérdidas que históricamente afectaban a los productores locales.
La técnica del INTA Itatí Jones explicó que durante años se utilizaron estructuras copiadas de otras zonas productivas como La Plata o Mar del Plata, con grandes dimensiones que no lograban soportar las ráfagas patagónicas. Como consecuencia, muchos invernaderos terminaban dañados o fuera de uso pocos años después de su instalación. Frente a esa problemática, el organismo comenzó hace cinco años a trabajar en alternativas más adecuadas para el territorio.
El nuevo modelo incorpora caños tubing provenientes del descarte de la industria petrolera, que aportan mayor rigidez y estabilidad, además de utilizar madera de álamo producida localmente. Las estructuras tienen 8 metros de ancho por 50 de largo y una altura total de 2,5 metros, dimensiones que permiten resistir vientos de hasta 110 kilómetros por hora. Según detallaron desde el INTA, algunos de estos invernáculos ya llevan cuatro años instalados sin registrar roturas.
Además de la resistencia, el diseño mejoró la ventilación y el control sanitario de los cultivos, favoreciendo una mayor durabilidad del polietileno y mejores condiciones de producción. Actualmente ya son seis los productores que adoptaron este sistema en la región, en una experiencia que pone en valor el desarrollo de tecnología local para fortalecer una horticultura más eficiente y sustentable en la Patagonia.
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