Especialistas advierten que conocer en profundidad la calidad de los forrajes es fundamental para mejorar la eficiencia de los rodeos lecheros y transformar datos analíticos en decisiones de manejo.
En los sistemas lecheros modernos, la calidad del forraje dejó de ser un concepto general para convertirse en una variable estratégica que impacta directamente sobre la productividad. Especialistas sostienen que una nutrición animal de precisión requiere conocer en detalle qué consume cada vaca y cómo se comporta cada componente del alimento dentro del rumen, con el objetivo de optimizar la conversión en litros de leche.
Durante una jornada organizada por la Comisión de Lechería de CREA, Leandro Mohamad, gerente general de la filial argentina de Rock River Laboratories y cofundador del Instituto de Formación e Investigación en Nutrición Animal (IFINA), explicó que las herramientas analíticas actuales permiten caracterizar la calidad de los forrajes con mucha mayor precisión que los parámetros utilizados tradicionalmente. Entre los indicadores más importantes mencionó la digestibilidad de la fibra, la fibra indigestible y la digestibilidad del almidón, variables que hoy resultan determinantes para formular dietas de alta eficiencia.
El especialista destacó que la fibra ya no puede analizarse como un único componente, sino que debe evaluarse según la velocidad con la que se degrada dentro del rumen. Del mismo modo, señaló que la calidad nutricional del maíz depende no sólo de la cantidad de almidón que contiene, sino también de su capacidad para ser aprovechado por el animal. En este sentido, explicó que prácticas como la elaboración de grano húmedo, un adecuado procesamiento y un correcto almacenamiento permiten incrementar significativamente la digestibilidad y reducir pérdidas económicas ocasionadas por granos que atraviesan el sistema digestivo sin ser aprovechados.
Los datos relevados por Rock River Laboratories muestran diferencias importantes entre los forrajes producidos en Argentina y los de otros países con fuerte desarrollo lechero, como Estados Unidos. Si bien algunos parámetros presentan valores similares, existen brechas en aspectos vinculados a la digestibilidad y la calidad de las fibras, que terminan condicionando el potencial productivo de los rodeos. Según Mohamad, estas diferencias no responden únicamente al sistema de producción, sino principalmente a la calidad del manejo durante la confección y conservación de los forrajes.
Como ejemplo, el especialista presentó una simulación realizada mediante un modelo nutricional desarrollado por la Universidad de Cornell, donde se compararon dos dietas idénticas, diferenciadas únicamente por la calidad de los forrajes. El ejercicio mostró una diferencia superior a dos litros de leche por vaca por día a favor del sistema con mejores recursos forrajeros, evidenciando el impacto económico que puede tener una correcta gestión de estos alimentos.
Frente a este escenario, los especialistas recomiendan abandonar las formulaciones basadas exclusivamente en valores de tablas y avanzar hacia un monitoreo permanente de los recursos producidos en cada establecimiento. La construcción de curvas propias de calidad, el análisis sistemático de muestras y el trabajo conjunto entre ingenieros agrónomos, contratistas y nutricionistas aparecen como herramientas fundamentales para transformar la información de laboratorio en decisiones concretas que permitan mejorar la eficiencia y la rentabilidad de los sistemas lecheros.



