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Cómo reducir la erosión y conservar los suelos en las regiones semiáridas

Especialistas del INTA destacan la importancia de mantener la cobertura vegetal, preservar el carbono orgánico y aplicar prácticas de conservación para disminuir la erosión hídrica y proteger la productividad.

La erosión hídrica continúa siendo una de las principales amenazas para la sustentabilidad de los sistemas productivos en las regiones semiáridas del centro del país. Un estudio realizado por especialistas del INTA en la cuenca de El Morro, en San Luis, confirmó que la pérdida de suelo frente a lluvias intensas está estrechamente relacionada con el manejo productivo, la textura del terreno y el contenido de carbono orgánico presente en el perfil.

Para comprender el comportamiento de los distintos ambientes, los investigadores reprodujeron eventos de precipitaciones de alta intensidad mediante un simulador de lluvia. Los resultados mostraron que los suelos agrícolas perdieron entre dos y siete veces más sedimentos que aquellos cubiertos por vegetación natural. Según explicó Pablo Peralta, investigador del INTA-CONICET, la presencia de cobertura y una mejor estructura del suelo son determinantes para disminuir el impacto de estos eventos extremos.

Los especialistas señalaron además que los lotes con menor contenido de carbono orgánico presentan una estructura más frágil y una mayor susceptibilidad al desprendimiento de partículas. Juan Cruz Colazo, investigador del INTA San Luis, indicó que la disminución de este componente incrementa significativamente el riesgo de erosión, especialmente en suelos con mayor proporción de limo y arcilla. Asimismo, destacó que los ambientes con vegetación natural, aunque pueden registrar escurrimiento superficial, logran proteger mejor el suelo gracias a una mayor estabilidad de sus agregados.

Frente a este escenario, el INTA recomienda mantener una cobertura mínima del 30 % sobre la superficie mediante el uso de cultivos de cobertura, como centeno, y una adecuada conservación de los rastrojos en sistemas de siembra directa. Estas prácticas amortiguan el impacto de las gotas de lluvia, favorecen la infiltración del agua y contribuyen a preservar la estructura del suelo a través del desarrollo de las raíces.

Para ambientes con bajos niveles de carbono orgánico o con limitaciones para la agricultura, los especialistas proponen incorporar pasturas perennes, como alfalfa o pasto llorón, con el objetivo de recuperar la estabilidad del sistema. Además, destacan la importancia de adaptar el manejo a la textura de cada suelo y complementar estas acciones con obras de sistematización, como terrazas, que reducen la velocidad del escurrimiento superficial y ayudan a conservar uno de los recursos más valiosos para la producción agropecuaria.

Fuente: https://www.argentina.gob.ar/noticias/suelos-claves-para-minimizar-la-perdida-de-recursos-en-el-semiarido

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