Nuevos estudios revelan que la infectividad, la supervivencia invernal y la presencia de maíz durante todo el año son factores determinantes para anticipar el impacto de Dalbulus maidis en la próxima campaña.
A más de dos años de la epidemia de achaparramiento que afectó severamente al maíz argentino, la chicharrita (Dalbulus maidis) continúa siendo una de las principales preocupaciones sanitarias para el cultivo. Si bien la campaña 2024/25 presentó un escenario mucho más favorable que la anterior, los monitoreos realizados durante el ciclo 2025/26 detectaron un aumento de las poblaciones del insecto en distintas regiones del país, reavivando el debate sobre el riesgo que representa para la próxima campaña.
Durante el último Congreso Maizar, especialistas de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis presentaron los resultados del segundo año de trabajo colaborativo y coincidieron en que el número de insectos capturados no alcanza por sí solo para determinar el nivel de amenaza. La variable clave es la infectividad, es decir, el porcentaje de chicharritas portadoras de los microorganismos responsables del complejo de achaparramiento. En algunas regiones se registraron elevadas capturas, pero con bajos niveles de insectos infectados, mientras que en otras ocurrió exactamente lo contrario, generando impactos muy diferentes sobre el cultivo.
Las investigaciones también aportaron nuevos conocimientos sobre la biología del vector y su capacidad para sobrevivir durante el invierno. Estudios realizados por investigadores de la Fundación Miguel Lillo y el CONICET demostraron que las hembras atraviesan los meses fríos fecundadas, aunque con su aparato reproductor en reposo, reactivando la puesta de huevos únicamente cuando vuelven a encontrar plantas de maíz. Además, se comprobó que estos insectos acumulan importantes reservas energéticas antes del invierno y que pueden tolerar temperaturas bajo cero durante varias horas, lo que indica que las heladas, por sí solas, no garantizan una disminución significativa de las poblaciones.
Los especialistas señalaron que el principal factor que favorece la supervivencia de la plaga es la continuidad de plantas de maíz durante todo el año, fenómeno conocido como «puente verde». La presencia de cultivos escalonados o de maíces voluntarios permite que la chicharrita mantenga activo su ciclo biológico, aumentando el riesgo sanitario en las campañas siguientes. Por ese motivo, la eliminación de plantas guachas y la interrupción del hospedante durante varios meses aparecen como medidas fundamentales para reducir la presión de la plaga.
Desde la Red Nacional de Monitoreo y la Red de Manejo de Plagas (REM) recomiendan concentrar las fechas de siembra dentro de ventanas regionales, utilizar híbridos con buen comportamiento sanitario, monitorear los lotes desde las primeras etapas del cultivo y aplicar tratamientos de protección únicamente cuando las condiciones de riesgo lo justifiquen. También remarcan la importancia de coordinar las estrategias entre productores de una misma región, ya que el manejo colectivo resulta mucho más efectivo que las acciones aisladas.
Actualmente, la Red Nacional de Monitoreo cuenta con una de las bases de información más completas sobre esta plaga. Desde su creación elaboró 42 informes quincenales, analizó más de 16.000 trampas adhesivas, registró alrededor de 650.000 ejemplares de Dalbulus maidis y realizó miles de análisis de laboratorio para determinar los niveles de infectividad. Los especialistas coinciden en que comprender la interacción entre la abundancia del vector, la presencia de patógenos, las condiciones ambientales y el manejo regional será determinante para reducir el impacto del complejo de achaparramiento en las próximas campañas.
Fuente: https://www.aapresid.org.ar/es/novedades/6a43efb0bf363b3159041a73



