En seis años, Campo 21 aumentó la productividad forrajera y la materia orgánica gracias al pastoreo regenerativo, mejorando el suelo y la captura de carbono.
En el establecimiento El Castillo, en Pergamino, Campo 21 mostró cómo el pastoreo regenerativo puede acelerar la recuperación de suelos, mejorar la cobertura vegetal y aumentar la captura de carbono. La jornada se realizó en el marco del encuentro “Carbono y suelos vivos”, organizado por CREA Pergamino y CREA Arroyo del Medio.
Durante el evento, el gerente de producción Maximiliano Santos Torrado y el propietario Robert Augspach repasaron los avances logrados desde que la empresa adoptó este enfoque en 2019, intensificando el monitoreo desde 2023 junto a la firma estadounidense Boomitra. Los resultados muestran más biodiversidad, planificación ganadera más eficiente y pastizales productivos durante más tiempo.
Uno de los ejes de la estrategia es comprender al carbono como la base de la materia orgánica. Según Santos Torrado, la fotosíntesis es la vía que permite al suelo capturar carbono y, por lo tanto, la clave está en asegurar sistemas que mantengan la actividad biológica del ecosistema. La presencia de especies perennes y la cobertura vegetal continua son señales de que un suelo está regenerándose.
La mejora de la infiltración de agua es otro indicador central. Un suelo con más carbono absorbe mejor la lluvia, lo que sostiene la fotosíntesis y aumenta la productividad. Estos procesos, sumados a una mayor biodiversidad, conforman un círculo virtuoso que permite acumular más carbono en el suelo, generando ecosistemas más vivos y, eventualmente, habilitando la certificación de bonos de carbono.
El pastoreo planificado es la herramienta que sostiene este proceso. Campo 21 divide el manejo en dos sistemas: el plan abierto, durante la estación de crecimiento, y el plan cerrado, durante el invierno. En el plan abierto se busca aprovechar el crecimiento vegetal sin sobrepastorear, permitiendo que las plantas recuperen sus reservas y aumenten su área foliar.
Para lograrlo, se trabajan tiempos cortos de ocupación y rodeos numerosos, asegurando que ningún lote sea pastoreado dos veces en el mismo ciclo. Este manejo protege el rebrote y permite acumular forraje para la temporada invernal. Además, cada pastoreo genera una dinámica de raíces y microvida que aporta carbono al suelo, actuando como una “bomba de carbono”.
En el plan cerrado, aplicado de mayo a septiembre, el foco está en administrar la reserva de pasto acumulado. Se realiza un inventario forrajero y se ajusta la tasa de consumo para atravesar el invierno sin comprometer la estructura de las pasturas ni el estado corporal del rodeo. También se utiliza el impacto animal para corregir desequilibrios de cobertura cuando es necesario.
Este esquema se complementa con descansos largos —de 90 a 120 días o más— y una logística que permite ubicar la hacienda según las necesidades operativas de cada momento. Durante la jornada, los participantes pudieron recorrer lotes del establecimiento y observar cómo distintas estructuras de pasturas favorecen o desafían el manejo regenerativo.



