El INTA advierte que la falta de reposición de zinc empieza a limitar rindes de trigo y cebada. Recomiendan análisis de suelo y estrategias de fertilización para anticiparse.
La deficiencia de zinc en suelos comenzó a manifestarse con mayor frecuencia en el sudeste bonaerense, una región donde históricamente este micronutriente no representaba una limitante productiva. Sin embargo, la escasa o nula reposición a lo largo de los años encendió una señal de alerta.
Así lo explicó Hernán Sain Rosas, del grupo Relaciones Suelo-Cultivo del INTA Balcarce, quien señaló que el problema, antes más común en la región pampeana norte, hoy también impacta en el sudeste. Los primeros síntomas se observaron en maíz, uno de los cultivos más sensibles, pero actualmente también hay respuestas claras en trigo y cebada.
Si bien el zinc es un micronutriente requerido en bajas cantidades, cumple un rol clave en más de 300 procesos enzimáticos y es fundamental para la síntesis de clorofila, proteínas y auxinas, la hormona del crecimiento. Cuando su disponibilidad es insuficiente, el desarrollo del cultivo se ve afectado y se reduce el número de granos por metro cuadrado.
Para detectar la deficiencia, el análisis de suelo previo a la siembra es la herramienta más confiable. En trigo y cebada, valores por debajo de una parte por millón en los primeros 20 centímetros pueden comprometer el rendimiento, mientras que en maíz el umbral se ubica entre 1,2 y 1,3 ppm, siempre considerando las particularidades de cada lote.
El estado físico del suelo también juega un papel clave. En suelos estructuralmente degradados, las raíces tienen dificultades para acceder al nutriente, aun cuando esté presente químicamente. Ante niveles bajos, se recomienda aplicar zinc al momento de la siembra, ya sea en mezclas con fertilizantes fosfatados. Dosis de entre 1 y 2 kilos por hectárea permiten no solo reponer lo extraído por el cultivo, sino también mejorar gradualmente la fertilidad del suelo a largo plazo.



