El negocio enfrenta menores márgenes y más desafíos, pero el mercado internacional abre chances para Sudamérica y exige eficiencia, escala y planificación.
La lechería argentina atraviesa un escenario de claroscuros: mientras los márgenes se ajustan y la rentabilidad pierde fuerza, el mercado internacional ofrece nuevas oportunidades. Tras un 2024 de altos ingresos, el sector se enfrenta en 2025 a un panorama más desafiante, con precios inestables y mayores riesgos.
El médico veterinario y consultor técnico Mauro Gorgerino analizó esta realidad en una jornada técnica de CREA Córdoba Norte. Según explicó, la clave para sostenerse en el negocio será la eficiencia y la planificación financiera a largo plazo. “Las empresas ordenadas, con métricas claras, logran sobrevivir incluso en las crisis más profundas”, señaló.
El mercado global juega a favor de Sudamérica. Tras la sobreoferta de 2020, que redujo la rentabilidad de los grandes exportadores, las proyecciones hacia 2030 anticipan un crecimiento moderado de la producción mundial, lo que abre una ventana de oportunidades. Además, el foco del comercio internacional se desplazó de la leche en polvo entera hacia los sólidos –grasa y proteína–, cada vez más demandados y mejor cotizados.
En este contexto, Argentina debe mejorar su competitividad. La concentración productiva, la caída del poder de compra del productor y los mayores costos de alimentación condicionan el negocio. Sin embargo, la menor oferta de Europa y Brasil, sumada al potencial de consumo en India y China, posiciona a Sudamérica como región emergente en la producción de lácteos.
La lechería local, entonces, se mueve en un delicado equilibrio: menos márgenes y más exigencias, pero también una oportunidad única de insertarse en un mercado global que reconfigura sus reglas y mira con atención a la región.



