Investigaciones del INTA Rafaela demuestran que el monitoreo continuo con tecnologías de precisión permite detectar a tiempo el estrés térmico y aplicar medidas preventivas para sostener la producción
Las tecnologías de precisión que hoy se utilizan en los tambos para detectar celo o enfermedades también pueden convertirse en aliadas estratégicas frente al estrés por calor. Ensayos realizados por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria en su sede Rafaela, junto con la Universidad Nacional del Litoral, confirmaron que el monitoreo continuo de variables fisiológicas y de comportamiento permite anticiparse a los efectos negativos de las altas temperaturas.
El seguimiento de indicadores como el tiempo de rumia, el consumo de alimento, la actividad y la posición corporal —a través de sensores colocados en los animales— evidenció que cuando el índice de temperatura y humedad supera 68, la rumia disminuye de forma marcada, incluso antes en vacas de alta producción. Esta caída es una señal temprana de estrés térmico y de posible merma en la producción de leche.
El trabajo se llevó adelante en el tambo robotizado de la Experimental Rafaela sobre vacas Holstein, con mediciones permanentes de rumia, tasa respiratoria, comportamiento y condiciones ambientales. Los resultados mostraron que, a medida que aumenta el calor, se reduce el consumo y el tiempo de descanso, mientras crece la frecuencia respiratoria, impactando directamente en el rendimiento. En vacas secas y preparto, el estrés se intensifica a medida que avanza la gestación.
Los especialistas recomiendan actuar antes de observar signos evidentes como jadeo o agitación. Entre las principales pautas figuran garantizar acceso permanente a agua limpia y fresca —una vaca de alta producción puede superar los 100 litros diarios—, ajustar los horarios de suministro de la ración totalmente mezclada (TMR) a los momentos más frescos del día y ofrecer forrajes de alta digestibilidad.
El confort también es determinante: sombra adecuada, buena ventilación y sistemas de refrescado ayudan a mitigar el impacto del calor. La clave, coinciden los investigadores, es anticiparse utilizando la información que ya brindan las tecnologías disponibles en el tambo y aplicar medidas de manejo antes de que el estrés térmico afecte la productividad.



