Una escuela rural de Río Negro fue reconocida por investigar y multiplicar microorganismos para mejorar la fertilidad en un ambiente marcado por sequía y erosión.
En la estepa patagónica rionegrina, estudiantes del Centro Educativo Rural Pilca Viejo, ubicado en Pilcaniyeu, llevaron adelante un proyecto para demostrar el rol clave de los microorganismos en la fertilidad del suelo. La experiencia fue distinguida en el programa Así son los suelos de mi país, que promueve la educación ambiental con base científica.
El establecimiento, creado por la Fundación Cruzada Patagónica, se encuentra en un ecosistema de suelos pedregosos, con precipitaciones de apenas 150 a 250 milímetros anuales, clima frío y fuertes vientos que favorecen la erosión eólica. Estas condiciones, sumadas a la escasa cobertura vegetal, limitan la acumulación de materia orgánica y la actividad biológica esencial para la producción.
Frente a ese escenario, los alumnos impulsaron ensayos para regenerar la vida del suelo. Elaboraron 25 trampas de arroz, colocadas en distintos sectores del predio escolar, con el objetivo de capturar y observar microorganismos benéficos. Tras 14 días, analizaron los colores desarrollados: blanco, verde o amarillo indicaban presencia favorable, mientras que marrón, rojo o gris alertaban sobre posibles patógenos.
Con los microorganismos recolectados, diseñaron un experimento comparativo de elaboración de bokashi —un abono orgánico fermentado de origen japonés— utilizando distintas fuentes energéticas como bagazo, malta, semitín y cascarilla de cacao. Durante 16 días realizaron volteos diarios y controlaron temperatura, humedad y olor, registrando los datos en planillas de seguimiento.
Los resultados mostraron avances significativos en todos los tratamientos, aunque el preparado con malta seca alcanzó el mayor nivel de descomposición, cercano al 80 %. Además, observaron un aumento térmico marcado en la primera semana y una posterior estabilización, indicador de equilibrio microbiano.
El proyecto fue coordinado por docentes y técnicos del INTA y abrió nuevas líneas de trabajo. A futuro, prevén medir densidad microbiana e impacto en la productividad hortícola, además de extender la práctica a las huertas familiares de la comunidad. En la edición 2025 del programa participaron 95 escuelas, consolidando una red educativa que integra ciencia, territorio y conciencia ambiental.



