martes, marzo 10, 2026

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Maíz tardío y de segunda: cómo ajustar la densidad y no perder rinde

Definir la densidad óptima según ambiente, fecha e híbrido es clave para maximizar recursos y sostener rendimientos en la campaña 2025/26.

Por Eugenia Magnelli – Ing. Agrónoma

La densidad de siembra —cantidad de plantas logradas por hectárea— es una de las decisiones de manejo más determinantes en maíz. De ella depende la capacidad del cultivo para interceptar radiación, aprovechar agua y nutrientes y transformar esos recursos en biomasa y, finalmente, en grano. Un ajuste fino permite maximizar la eficiencia en el período crítico y potenciar la fijación de espigas.

A diferencia de la soja, el maíz tiene escasa capacidad de compensar errores en la población. Con densidades por debajo del óptimo, el cultivo no logra generar suficientes estructuras reproductivas. Pero cuando se supera ese umbral, la competencia entre plantas reduce la partición de biomasa hacia el grano y deprime el rendimiento. Además, el costo de la semilla obliga a que cada decisión apunte a maximizar la respuesta económica.

Con poblaciones de chicharrita bajo control y mejores perspectivas hídricas, las siembras tardías y de segunda vuelven a ganar protagonismo en la campaña 2025/26. En estos planteos, la densidad puede oscilar entre 50.000 y 80.000 plantas por hectárea, aunque el valor óptimo dependerá de las condiciones de cada lote. En ambientes de alta productividad, mayores densidades permiten cerrar el entresurco más rápido y capturar más radiación, mientras que en ambientes restrictivos conviene moderar la población.

La fecha de siembra también influye. Si bien los planteos tardíos suelen mostrar menor tolerancia a poblaciones elevadas, en situaciones con buena disponibilidad hídrica pueden responder positivamente al aumento de densidad. Ensayos del INTA Manfredi en el centro de Córdoba mostraron óptimos cercanos a 8 plantas por metro cuadrado en maíces tardíos bajo secano, evidenciando que el contexto ambiental redefine las estrategias tradicionales.

La elección del híbrido es otro factor decisivo. Los materiales de ciclo largo pueden sufrir más el desplazamiento de floración hacia momentos menos favorables en siembras muy tardías. Además, cada genotipo presenta distinta tolerancia a altas poblaciones según su arquitectura, plasticidad y capacidad de fijar granos. Los híbridos más prolíficos, capaces de emitir más de una espiga por planta, ofrecen mayor estabilidad en ambientes restrictivos, siempre que cuenten con adecuada nutrición nitrogenada.

Finalmente, la densidad impacta de manera indirecta en la sanidad y en la eficiencia de cosecha. Poblaciones muy altas pueden favorecer enfermedades como fusarium o carbón de la espiga y aumentar el riesgo de vuelco por tallos más delgados, además de reducir el tamaño de los granos. En cambio, densidades bajas facilitan el desarrollo de malezas y elevan los costos de control. Por eso, más que subir o bajar la población, el desafío es ajustarla con precisión para cada ambiente productivo.

FUENTE : https://reddeinnovadores.aapresid.org.ar/es/magazine-notes/69610c4fbf363b3159a7c338

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