En campañas con altas temperaturas y falta de agua, los bioinsumos aparecen como herramientas para mejorar la tolerancia al estrés y sostener rendimientos en soja y otros cultivos.
Durante los meses de verano es frecuente que los cultivos de gruesa enfrenten situaciones de estrés provocadas por la combinación de altas temperaturas y limitaciones hídricas. En ese escenario, distintos bioinsumos comienzan a ganar protagonismo como herramientas que ayudan a los cultivos a atravesar condiciones adversas y sostener su funcionamiento fisiológico.
“Los bioinsumos orientados a la tolerancia al estrés buscan acompañar al cultivo, ayudándolo a sostener su funcionamiento metabólico”, explicó Alfredo Curá, especialista de la Red de Biológicos de Aapresid e investigador del CONICET y la FAUBA.
Dentro de este grupo se destacan las rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal (PGPR), microorganismos que interactúan con las plantas e influyen en distintos procesos fisiológicos. Su acción no modifica directamente el ambiente, sino que fortalece la capacidad de la planta para responder al estrés y adaptarse mejor a las condiciones limitantes.
Entre los efectos que pueden generar estas bacterias se encuentran el mayor desarrollo radicular, que amplía la exploración del suelo y mejora la absorción de agua y nutrientes, además de cambios en el metabolismo vinculados al equilibrio osmótico celular, la regulación hormonal y el mantenimiento de la actividad fotosintética.
A nivel de lote, estas tecnologías no eliminan el impacto del estrés ambiental, pero pueden amortiguarlo. Al sostener el metabolismo activo durante más tiempo, contribuyen a preservar el sistema fotosintético y retrasar la pérdida de área foliar verde, lo que puede traducirse en mejores resultados productivos.
Para que su uso sea efectivo, los especialistas señalan que es clave considerar diversos factores como el estado fenológico del cultivo, el modo de acción del producto elegido, las condiciones ambientales y la calidad de la aplicación. Muchos de los resultados variables observados a campo suelen explicarse por errores en estos aspectos o por expectativas que superan el alcance real de la tecnología.
Desde el punto de vista económico, Curá sostiene que el uso de bioinsumos debe pensarse principalmente como una estrategia preventiva. El costo de incorporar estos consorcios bacterianos ronda entre 3 y 5 dólares por hectárea, una inversión relativamente baja frente al riesgo de pérdidas importantes en años climáticamente adversos.
Según explicó el especialista, en campañas con buen régimen hídrico las diferencias de rendimiento pueden ser menores. Sin embargo, en contextos de sequía severa se han observado casos donde lotes de soja tratados lograron mantener rendimientos cercanos a los 1.000 kilos por hectárea, mientras que testigos sin tratamiento apenas alcanzaron entre 200 y 300 kilos.
No obstante, los técnicos remarcan que estas herramientas deben integrarse dentro de un manejo agronómico completo. Los bioinsumos no reemplazan la fertilización, la genética ni las buenas prácticas agrícolas, sino que potencian su efecto cuando forman parte de una estrategia productiva bien planificada.
En ese sentido, la Red de Biológicos de Aapresid trabaja en la generación y difusión de conocimiento sobre el uso de estas tecnologías. Durante la campaña 2024/25 se evaluó el desempeño de PGPR aplicados en semilla y de forma foliar en soja en seis sitios distribuidos entre el oeste de Buenos Aires y Tucumán.
Los resultados mostraron respuestas variables. En tratamientos de semillas, solo dos de los seis sitios presentaron incrementos significativos de rendimiento, que oscilaron entre 147 y 1.356 kilos por hectárea. En las aplicaciones foliares, también se registraron respuestas positivas en dos de los seis sitios, con aumentos de hasta 114 kilos por hectárea.
Ignacio Sanguinetti, coordinador de la Red, señaló que el próximo desafío será comprender los factores detrás de esa variabilidad. El objetivo es determinar si las diferencias se relacionan con condiciones ambientales, momentos de aplicación o con el modo de acción de cada tecnología.
FUENTE : https://www.aapresid.org.ar/es/novedades/698b4237bf363b3159b24b3e



